Los estudiantes avanzan en su proceso de lectoescritura con habilidades no abordadas previamente

En el mes de octubre se dio a conocer un estudio de la Agencia Nacional de Investigación y la Facultad de Educación de la Universidad de los Andes, el cual realizó una medición en 2.500 estudiantes de kínder a 4to básico para conocer cómo está su comprensión lectora y vocabulario, comparando datos de 2018 y post pandemia. Los resultados no fueron positivos. El 96% de los estudiantes de 1ero básico no conocen las letras del alfabeto, lo que implica que no son capaces de leer alguno de los libros indicados para su edad.

Esta realidad que golpea al mundo escolar y que llega a cerrar este año, es vista como un desafío 2023 para el grupo de expertos de Fundación Zig-Zag, entidad ligada a la casa editorial del mismo nombre, la cual contribuye a mejorar la educación en Chile mediante soluciones integrales en asesoría, capacitación y evaluación. ¿Por qué hay colegios que sí logran avances consistentes y otros no? ¿Por qué hay tanta diferencia entre un estudiante y otro? ¿Serán adecuadas las prácticas pedagógicas desarrolladas por los docentes en el aula?.

“Una de las principales falencias es que se cree que las habilidades pre-lectoras es entrar de lleno al proceso lector con cuatro consonantes. Pero no es así, pues se debe trabajar primero la conciencia fonológica desde prekínder. Generalmente los estudiantes avanzan los cursos con habilidades pre-lectoras equivocadas y están hiper escolarizados, los que ha traído pésimas consecuencias”, señala Paulina Palma, asesora de lectoescritura de Fundación Zig-Zag.

En la misma línea, la asesora Andrea Herrera agrega que “cuando un estudiante no aprender a leer, muchas veces es porque no tiene las herramientas previas. El niño ingresa a 1ero básico y se da por sentado que tiene las habilidades pre-lectoras adquiridas, y eso no siempre es así. Hay niños que no tienen los conocimientos para empezar el proceso de lectoescritura: no tiene desarrollada la conciencia fonológica, la discriminación auditiva, entre otros”.

Cabe recordar que las habilidades pre-lectoras son todas esas habilidades, conocimientos y actitudes que son precursoras de las formas convencionales de la lectura y la escritura. Por ejemplo, la conciencia fonológica, es decir, la habilidad de reconocer y usar los sonidos en el lenguaje hablado. También el desarrollo de las funciones básicas como la memoria, habilidades que el niño y la niña debe desarrollar para lograr un aprendizaje escolar, con el propósito de afianzar la adquisición de nuevos conocimientos, lo que va de la mano con el desarrollo de la madurez escolar.

El Programa de Articulación para la Lectoescritura (PALE), desarrollado por Fundación Zig-Zag, busca instalar, a través de la capacitación, el modelamiento, la co-docencia y la retroalimentación, estrategias y prácticas pedagógicas orientadas a la enseñanza y aprendizaje de la lectoescritura, en los niveles NT1 a 2do básico, tomando como base los aportes del paradigma sociocognitivo, la neuroeducación y el currículum basado en el Diseño Universal para el Aprendizaje, el que indica que todos los estudiantes aprenden de diferente manera, por lo que debemos satisfacer las necesidades educativas de nuestros estudiantes, aplicando una variedad de estrategias y actividades.

Uno de los principales objetivos de la asesoría PALE de Fundación Zig-Zag, es evitar escolarizar en exceso a los estudiantes y que tengan una estructura muy rígida, siendo tan pequeños. Se privilegian las actividades lúdicas, los juegos, el uso de material concreto y la diversidad de estrategias que puede desarrollar cada docente. Asimismo, la articulación es la base, teniendo claridad de lo que se espera desde prekínder a 2do básico.

“Otra de las claves para apoyar a nuestros estudiantes en su proceso lector es actuar sobre la gestión de datos. Realizar evaluación de la calidad lectora cada 3 meses, ir mirando esos datos e ir actuando sobre esto. No solo quedarnos con el porcentaje global, sino que analizar y tomar acciones. Esto permite desarrollar estrategias de nivelación en la enseñanza, es decir, contar con estrategias oportunas que permitan apoyar a aquellos estudiantes que están más bajos y trabajar con aquellos que van más adelantados”, indica Paulina Palma.

Diversidad en el aula

Para que todos los estudiantes alcancen sus objetivos y logren su potencial, es importante incorporar metodologías activas, o trabajo colaborativo. Potenciar el trabajo entre pares, pues que los niños y niñas trabajen en conjunto es una motivación distinta a lo que les entrega el profesor.

El desafío está en que los estudiantes destacados apoyen al resto, logrando un trabajo entre pares. Y la diversidad no solo pasa por los estudiantes, sino en la actitud y en la práctica de cada docente. ¿Cómo está entregando los contenidos? ¿Utiliza su cuerpo, la inflexión de la voz, sus manos, recursos audiovisuales y juegos para hacer de la clase un espacio más lúdico y atractivo?

Reflexión pedagógica

Otros de los aspectos que destacan las asesoras de lectoescritura de Fundación Zig-Zag, es la importancia de la reflexión pedagógica en los establecimientos. Tiempos que muchas veces los docentes carecen.

Es necesario desarrollar un trabajo en conjunto con todos los docentes, entre prekínder y 2do básico, y darle la importancia que esto merece. No solo contar con reuniones informativas, sino que contar con espacios donde los equipos pedagógicos y de gestión hagan un análisis tanto de las prácticas pedagógicas que se realizan, como de los resultados obtenidos, con la finalidad de tomar decisiones que ayuden a mejorar las prácticas educativas y a su vez los resultados de los estudiantes.

¿Qué necesitamos este 2023 para mejorar el proceso de lectoescritura?

  • Los niños y niñas deben tener ciertas habilidades básicas para lograr el proceso de lectoescritura. Muchas veces esto no es trabajado y se les exige una escolarización temprana, para lo cual se sugiere trabajar las diferentes funciones básicas y pre-lectoras de acuerdo al nivel de desarrollo de los estudiantes (cursos).
  • Desafiar cómo enseñar de distintas formas. Los docentes se deben reinventar en sus creencias, motivaciones y prácticas pedagógicas.
  • Gestión de datos: tener claridad en cómo evoluciona cada uno de los estudiantes, para tomar decisiones pedagógicas acordes y a través de la retroalimentación, apoyar el avance de los estudiantes.
  • Trabajo colaborativo entre los estudiantes y hacerse cargo de la diversidad, a través de metodologías activas. Así, se incluye a los estudiantes más avanzados, como a aquellos que están recién comenzando.
  • Que los equipos docentes cuenten con tiempo para reuniones de reflexión pedagógica.
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